el idioma del ámbar (video)
El idioma del ámbar es una crónica urbana sobre el cambio de temperatura en las luces del alumbrado público de la Cuidad de Buenos Aires y es también una reflexión sobre las luces y las sombras, la exposición y el misterio, el mal gusto y el estilo.
Octubre de 2017
El
idioma del ámbar / Daniel Delfino
1
En
la película “Los puentes de Madison”, Clint Eastwood, que interpreta a un
fotógrafo de la Nathional Geographic, le dice a Francesca, el personaje de
campesina que encarna Meryl Streep, que en Italia una vez se bajó de un tren
porque en un pequeño pueblito había visto una luz especial. Francesca se queda
mirándolo extrañada, sin entender a qué se refiere con “una luz especial”.
2
Me
voy al Rodney a tomar una cerveza. Agarro la 7100 con el 50 fijo y salgo a la
ciudad. Afuera compruebo con bronca y tristeza que la luz blanca sigue allí,
derramada en mi balcón, entrando por la fuerza en mi ventana. Hace una semana
que cambiaron el foco ámbar, la luz incierta, la que dejaba lugar para que las
sombras construyan mundos propios. Soy fotógrafo. Un fotógrafo no es nada; es
un tipo que tiene una cámara y camina por la ciudad recortando pedazos de cosas
que los demás perciben como un todo. No existe la profesión de fotógrafo. Nadie
puede decir que es fotógrafo, como no puede decir que es escritor. Mejor decir
"saco fotos", "escribo".
3
No
soy de tomar taxis pero necesito hablar con un taxista. Dejo pasar varios hasta
que paro un Onix reluciente; los bigotes del chofer parecen buenos opinadores.
Y no me equivoco. Pero sus opiniones no son las que esperaba. "Ahora con
esta luz que puso el Pelado Larreta, puedo ver clarita la cara del que me para,
y al que tiene cara rara ni le paro. Con esta luz de ahora se ve todo, todo..."
Amago una defensa de la luz ámbar, pero el tipo no me escucha. Es un facho y
solo se escucha a sí mismo.
Por suerte fueron pocas cuadras.
Suficientes. Me siento absolutamente solo en esta ciudad.
4
Las
nuevas luces del alumbrado público son como las de una de guardia de hospital,
preanuncian los infortunios que pretenden evitar. Las luces blancas de la
ciudad convierten la melancolía en cruda tristeza. La Dra. María Ana Contín del
Conicet, con la que me mandé mails toda la semana y que investiga la
"Light Pollution" se entusiasma con mi cruzada. Ella me habla del
daño que produce en las retinas esta luz blanca con tiznes azulados y no puede
entender que alguien pueda ver la luz como un vehículo poético. Somos dos naves
de planetas distintos atacando la misma galaxia blanca y lechosa.
5
En
el Rodney me pido una cerveza, tal vez la moza pueda levantarme el ánimo con
una respuesta sorprendente; pero le da lo mismo, es más, ni siquiera entiende
muy bien de qué le hablo. No tenemos la gracia de Clint y Francesca, ella no se
obnubila ni por curiosidad con mis luces, me sonríe de compromiso y se aleja
simulando que la llaman de otras mesas.
Realmente estoy solo.
6
Pero
en el mundo también existe la Dra. Contín. Pienso en aliados, gente con la
sensibilidad necesaria para ayudarme a detener este insoportable blanqueo
urbano. Pienso en Gustavo Nielsen, escritor y arquitecto. Él una vez me
escribió por Facebook pidiéndome una foto para su obra de teatro sobre su
exquisito cuento "El café de los micros". En ese cuento hay un
Valiant que se llama Walter, una genialidad. Mi foto era una imagen de noche
ambarada, una estación de servicio solitaria en la ruta, una F-100 vieja.
Nielsen vio esa foto y supo inmediatamente que era para su obra de teatro
basada en "El café de los micros". Yo estaba viajando en auto a
Uruguay por Gualeguaychú y no podía creer que Gustavo Nielsen, a quién admiro
desde que leí "La otra playa" se interesara en mi foto. Compré esa
novela una tarde en Palermo sin tener ni idea de quién era Nielsen, y me leí la
mitad de un tirón en la plaza Serrano, mientras esperaba que mi hija terminara
de recorrer esos locales de Palermo atiborrados de cosas tan irresistibles como
inservibles.
7
La
Dra. María Ana Contín es tan fría en sus conceptos como la sigla Conicet. Pero
es apasionada. Por caminos distintos vamos a la misma Roma. Rápidamente rompe
el hielo y comienza a tutearme desarmando mi ceremoniosidad. Hablamos por
teléfono. Lo primero que me dice es "tu frase "una gran
indiferencia" es lo que siento cuando planteo el tema de la contaminación
lumínica", hace referencia a mis comentarios en los mails previos que nos
escribimos, en la que le planteaba la soledad de este malestar que genera en mí
las luces blancas. Sus primeras palabras son alentadoras para mis objetivos: "si
se optara por la luz más cálida (3000 y 4500 °K) sería menos perjudicial seguro".
Pero rápidamente agrega: "la retina es parte del sistema nervioso central
y tiene ritmos circadianos siendo mucho más sensible en horarios nocturnos y
por eso la luz durante la noche en mas nociva que durante el día. Entonces
podes virar las luces a temperaturas color más cálidas, pero de noche te va a
afectar igual". Sin embargo, cuando sus palabras empiezan a desilusionarme
vuelve sobre la temperatura de las luces: "el por qué se usan frías las
luces Led, no lo sé. No sé si es que las imponen como más "lindas" o
son más económicas. Creo que para las luminarias de una ciudad sería mejor que se
usen luces más cálidas, pero en exceso tampoco es bueno. La clave es la
intensidad".
María Ana se sorprende una y otra vez de mis
inquietudes; nunca se le hubiera ocurrido que la luz podría verse poéticamente.
Le recuerdo una frase que dice en un video de Youtube "es imposible apagar
las ciudades" y vuelve al ataque: "es imposible apagar las ciudades.
Es posible crear conciencia de que el exceso (como cualquier exceso) es
perjudicial. La "light pollution" produce daños retinales que en
algunos casos pueden ser reversibles, pero en otros no. Mi hipótesis es que
esta generación "iluminada", va a padecer degeneraciones maculares a
edades más tempranas que nuestros abuelos...."
8
La
valentía es algo que no se si poseo. Pero en algunas oportunidades escuché mi
voz adelantarse a mis intenciones. Me arrojé en suicidios verbales disparando
palabras como boomerangs. Cuando mi viejo cobró el anhelado juicio de
jubilación le dije: "no le pagues a la abogada, no se lo merece, no hizo
nada. Primero hubo abogados y después problemas. Tenés 78 pirulines, tomá una
decisión valiente a esta altura de tu vida". Se lo dije como si yo fuera
un valiente y no me da el piné ni para ir a la Dirección de Alumbrado de la
Ciudad de Buenos Aires a decirles que detengan este despropósito. Qué arranquen
de mi ventana esa horrible luz blanca.
Tengo que ir, tengo que ser valiente.
Necesito un plan.
9
Llega
un mail a mi casilla: es de la Junta de Andalucía, son integrantes de la
International Group of Experts for the Protection of the Night Sky. Me mandan
una "Declaración sobre el uso de luz blanca rica en componente azul para
el alumbrado nocturno". Painito, un amigo del barrio que es disk-jockey en
Ibiza, les habló de mí. Ellos me hablan de él. Todos hablamos el mismo idioma,
el idioma del ámbar.
10
Hago
un pequeño resumen de la data que me tiró María Ana, otro poco de los andaluces
y entro a la página de la Dirección General de Alumbrado de la Ciudad y escribo
un mail rabioso para su director, Ramiro Reyna Grondona, que en la foto parece
intranquilo, sus espesas cejas de vasco ensombrecen su reglamentaria camisa sin
corbata. Corren tiempos nuevos. Es un mail, pero con tenor de nota formal.
Send.
Daniel tienes un mensaje nuevo.
Status del correo enviado: [FAILED]
La casilla debes estar llena. Voy a intentar
más tarde.
11
Para
los japoneses, dice Junichiro Tanizaki en "El elogio de la sombra",
lo bello no es más que una sublimación de la realidad de la vida. Obligados a
residir en sus viviendas oscuras, descubrieron lo bello en el seno de las
sombras y no tardaron en utilizar esas sombras para generar efectos estéticos.
Pero no vivo en Tokio ni en Kioto, vivo en mi Buenos Aires querida y
salvajemente iluminada. Muchas veces, un verso del tango Garúa se aparece entre
mis pensamientos. "Sobre la calle la hilera de focos, lustra el asfalto
con luz mortecina". Las dos veces que encarné ese verso fue casualmente en
la calle Luna, en Parque Patricios. Una madrugada después de un recital de los
Redondos y una tarde ya noche después de un Huracán-San Lorenzo en que el 118
no pasaba y con Melián, mi amigo quemero, apaciguadas las tensiones de la
rivalidad, nos fuimos a caminar sin rumbo por el barrio.
Esa mágica Buenos Aires del claroscuro se
desvanece entre mis manos.
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Estas
luces como de flash eterno son ideales para las cámaras de seguridad
infaltables en toda calle porteña. Un panóptico para animar programas de
policías que la gente mira confortablemente en la seguridad de sus hogares. O
para ver chicas muertas llegando a su casa antes de que las maten, en loop,
hasta hastiarse del morbo. Ahora los chorros tienen cara. Ahora sabemos quién
nos roba además de los bancos, los supermercados y el gobierno. No es casual
que en esos lugares no te dejen ni filmar ni sacar fotos.
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En
todos los departamentos que viví nunca usé luz cenital, siempre llené los
ambientes de veladores. La luz lateral genera el lado oscuro de los rostros. El
hemisferio a descubrir. Una influencia del film noir americano, en el cual la
estética es la del expresionismo alemán. Las sombras son también protagonistas
de esos films de perdedores que no pueden ganar ni haciendo trampa.
Debe haber una manera de desconectar la luz
del farol de mi ventana. Con los piedrazos ya fracasé, el foco tiene un
protector anti-vandalismo. Pero, ¿quiénes son los inadaptados? ¿Quiénes son los
incoherentes? Los porteños que viajan a Praga y se atragantan diciendo: "es
una ciudad hermosa, todo está como hace quinientos años, es la única ciudad de
Europa que nunca fue bombardeada y bla y bla y bla" y después aplauden los
adefesios que se hacen en nuestra ciudad, como encerrar las plazas, destruir la
fachadas e iluminar con mal gusto las calles amparados en la frase “una ciudad
moderna y funcional”.
¿Funcional a quién?
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Me
subo a otro taxi, a Boedo, a visitar a Laura, una artista plástica que contacté
por una amiga en común. A este taxista el color de las luces le da lo mismo, la
única luz que le importa es la de Cristo. Antes de que empiece a empalagarme
con la salvación cristiana simulo hacer un llamado con el celu. Podría haberle
dicho que las luces blancas en su intensidad no permiten ver el cielo, la vía
láctea, a Dios.
En los cuadros de Laura predominan los
trazos impresionistas, pero compartimos el gusto por Hopper y sus tenues luces
nocturnas. En Los halcones de la noche, uno de los cuadros más celebrados de
Hopper, cuatro noctámbulos habitan una cafetería cobijados por una luz suave y
dulce. Le cuento a Laura sobre la indiferencia de la gente ante las nuevas
luces de la ciudad y me cuenta una escena de la película "La Joven de la
Perla" en la que se narra la historia de ese famoso cuadro del pintor
Holandés Johannes Veermer. Scarlet Johanson, la criada de la familia y que a la
postre será la modelo del cuadro, es la encargada de limpiar el estudio del
pintor. Un día le indican que limpie los cristales de las ventanas y ella se
niega argumentando que si hace eso, la luz va a cambiar. "En el idioma de
la luz blanca no hay significante", concluye Laura con resignación.
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Como
si los engranajes del destino tampoco jugaran a los dados, al terminar las
preguntas para Nielsen, me manda un mensaje y me dice que si puedo ir el
miércoles me espera en su Estudio Galpón de Chacarita.
Cómo no voy a poder.
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Antes
de salir de casa le reenvío el mail a Grondona. Pobre Grondona, tiene más mala
suerte que yo. Para los que íbamos a la cancha en otros tiempos, y no somos de
Independiente ni Arsenal, es un apellido que antecede a un clásico insulto de
ida y vuelta. "Grondona h... d. p.... la p... que te p...." Julio
Grondona fue treinta y cinco años presidente de la AFA. ¿Qué culpa tiene este
Grondona? Pero el cantito sale casi como estela del apellido.
El mail no rebota.
Una luz verde.
Blanca nunca.
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Como
siempre, como a todos los lados que voy, llego antes. Media hora. Un toc de
media hora lo tiene cualquiera. Vine en auto, no estoy para aturdirme con
tacheros con la cabeza amarilla. Estaciono en Dorrego y Roseti, el Estudio
Galpón está por Roseti, a tres cuadras. A una cuadra por minuto me sobran
veintisiete. Una sola alma por esas calles extrañas, la mía. Pienso que más
solo se debe haber sentido Nielsen cuando enfrentó y venció al "Planeta de
Piglia" en un juicio que les ganó a la editorial y al eximio escritor por
un concurso literario arreglado de antemano. ¿Habrá concursos no arreglados de
antemano? ¡Hay que enfrentar al establishment y no morir en el intento! Es sin
duda el soldado valiente que necesito para enfrentar a los Iluminati de esta
ciudad de luminosos corazones.
Hago zigzagueos por la cuadras para que pase
el tiempo. Saco algunas fotos casi sin ganas. Los árboles del barrio son
frondosos y se pueden ver nidos. Observo las luminarias, en apariencia de led.
El progreso también blanqueó el barrio que lleva el nombre de la muerte. ¿Qué
pensarán los pájaros ahora que no hay noche, ahora que los días son eternos?
Los pájaros no piensan.
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Llego
a la puerta del estudio de Nielsen. La puerta no tiene vidrio y se puede ver
hacia el fondo un larguísimo pasillo de una casa chorizo. ¿Serán todos ph.?
¿Desde dónde saldrá Nielsen? ¿Será macanudo? Antes de tocar el portero en dpto.
4, escucho un beep del celu. Desvió al dedo del timbre a la pantalla partida de
mi Samsung grand prime que nunca termina de morir con dignidad. Daniel tienes
un mensaje nuevo. Es el mail failed de Grondona. Grondona hijo… Tiro el celu en
la mochila y toco el portero. Una voz inaudible me pregunta algo indescifrable.
Digo: busco a Gustavo Nielsen. Escucho mi voz, no me gusta escuchar mi voz. A
los pocos instantes se abre la puerta del fondo. Es Nielsen. Camisa blanca, me
habla desde lejos. Puntualidad inglesa le grito. Son las cinco en punto.
Parece contento. Parece el de las solapas de
los libros. Parece el de la foto de perfil de Facebook.
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Desde
el pasillo hasta el Galpón Estudio donde saludo a sus socios y nos metemos en
una pequeña sala de reuniones, lo pienso como Nielsen pero lo llamo Gustavo. Me
hace sentir cómodo como en los mensajes de Facebook. Me sirve un café y ante mi
pregunta si cree que la gente percibe este cambio de luces me empieza a contar
sobre dos placitas de Barracas que diseñaron. "Se armó un tribunal de
vecinos, donde nos iban diciendo “esto nos gusta, esto no nos gusta”, planteaban
algunas cosas lógicas pero también despropósitos. A todo le encontraban
problema, a la cancha de bochas, a los juegos de los pibes, que más pasto que
menos pasto, que plantas sí que plantas no, pero consenso fue absoluto en un
solo punto: triplicar la luz". Primer round, cross de derecha al mentón.
Sin embargo, en el segundo piñazo de realidad encuentro al soldado del ejército
de las sombras que vine a buscar: "ahora en urbanismo, oscuridad o un
espacio iluminado a medias o iluminado románticamente es igual a vandalismo".
La frase "iluminado románticamente" abre mis sentidos. Nielsen
contraataca: "los ferreteros te ofrecen cálida o fría y todos los
arquitectos pedíamos cálidas pero siempre te ofrecen frías, porque para sus
casas todos quieren cálidas y las que sobran en las ferreterías son frías.
Salvo en un estudio donde hay que leer papeles “negro sobre blanco”, para todo
lo demás no sirve la luz blanca. Y cuando les cambiás una blanca por cálida te
dicen: ah...es mejor. Para la ciudad, así como prefieren plazas enrejadas,
prefieren la luz blanca".
Queda claro que el gusto de la gente se
puede educar, no hay que bajar los brazos.
Su relato del proceso de iluminado del "Monumento
Nacional a las Víctimas del Holocausto judío" que ellos diseñaron es
revelador: "el monumento está formado por huellas de cosas que quedaron,
una taza, unos anteojos, pero los objetos no están y la idea es que el hombre
tampoco está. En el monumento están todos los objetos de las personas, pero no
están las personas. Una iluminación desde abajo era la que se imponía. De noche
la sombra de la persona que pasa toca las huellas. Para nosotros, ese era un
juego poético altísimo y era parte del discurso y no se pudo hacer. Le
diseñamos unas cajas anti-vandálicas, el cono de luz salía por un círculo… pero
no lo aceptaron, porque no daban las normas. Aun la luz que terminamos
poniendo, desde lo alto de un poste, y que mantiene un misterio, es resistida.
Para todo el mundo la iluminación del monumento está equivocada".
Nielsen, agudo observador, advierte que me
hundo en mí mismo y trata de rescatarme del abismo: "Las ciudades no las
hacen los poetas... pero nosotros, los arquitectos, tratamos de colaborar.
Nosotros también nos sentimos solos. Yo preferiría que en la ciudad cada cosa
esté iluminada de un modo y con una intención".
El tipo está de mi lado, a pesar de que me
nos damos cuenta que somos una minoría, una minoría absurda pidiendo por una
ciudad más cálida.
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Me
voy más fortalecido de lo que vine. Además contento, me firmó mi ejemplar
antológico de "La otra playa" y ahora será una de las perlas de mi
biblioteca. Qué librazo. No quise robarle tiempo pero me hubiera encantado
hablarle más de sus libros. Casi por inercia me voy al Rodney, es uno de los
pocos lugares que me quedan en el mundo. Reintento con Grondona. Me pido una
cerveza. Mi Francesca me ignora, deja la cerveza y se va.
Se hizo de noche. Las luminarias blancas de
la ciudad se van encendiendo, una a una, como los ojos de miles de zombis. Las
palabras de Nielsen siguen retumbando en mis pensamientos. En el cielo pasa un
avión. ¿Qué pensarán desde allá arriba al ver toda la ciudad blanqueada? ¿Qué
pensaran los marcianos? ¿Los astronautas rusos abandonados en el espacio?
Pensaran: debe ser una ciudad sin poetas.
Daniel tienes un mensaje nuevo.
Status del correo enviado: [FAILED]
No
quiero irme a casa, me voy a la plaza de la Shoá a conocer el Monumento
Nacional a las Víctimas del Holocausto Judío, en Bullrich y Libertador. La
iluminación es misteriosa pero trato de imaginar la iluminación original, en
contrapicado.
Libertador en tobogán. La voz de Nielsen
vuelve y vuelve: "esta es una ciudad que tiene mucho verde, muchos árboles
muy lindos. El pasaje de Carlos Tahys por la ciudad produjo cosas memorables y
los árboles con luz amarilla quedan preciosos, iluminados de blanco quedan
espantosos. Querés más diferencias o menos diferencias; si querés que la noche
sea día... Tal vez no sea casual, tal vez quieren que la gente labure más, más
productividad..."
El
capitalismo y sus inacabables ardides. Desafío a la noche y me deslizo por la
pálida ciudad hasta Barracas a ver las plazas de las que hablamos a la tarde.
Plazas Magaldi y Unamuno. Las digo de corrido, como una unidad léxica, a lo LennonyMcCartney.
Las recorro, imagino a los vecinos discutiendo cada baldosa, cada luz blanca y
asesina. Doy unas vueltas y salgo a Caseros. Las calles me llevan hacia el
bajo, hacia la Dirección de Alumbrado de la Ciudad de Buenos Aires.
Y me dejo llevar.
21
Ya
no me siento tan solo. Un ejército de las sombras marcha detrás de mí. La Dra.
María Ana, el amigo Nielsen, Laura y sus pinceles mentales, los Sky Night de
Andalucía. Estaciono el auto sobre Huergo y me siento en la puerta de la
Dirección de Alumbrado de la Ciudad. De mí ciudad. Son las cinco y está
amaneciendo. Las luces del alumbrado agonizan en el cielo arrebolado que se
insinúa detrás de Puerto Madero. Los nuevos ricos duermen la mona sobre su
narcodólares y los camiones entran y salen de la ciudad dormida como ruidosos
gusanos penetrando la manzana podrida del capitalismo. Tal vez traigan
containers llenos de gélidas lámparas blancas de led y se lleven para siempre
mis adoradas de sodio ámbar.
Estoy cansado pero no tengo sueño. Voy a
esperar hasta que llegue Grondona. Voy a reconocerlo, tal vez hasta podamos
entendernos. Nadie puede ser tan blanco, nadie puede ser tan frío.
Buenos
Aires, octubre 2017
A Titina, por la magia